07 mayo 2007

Narrativa y poder

El rey Salomón tenía una mesa. Era en realidad un espejo o una tabla. Recubierta de oro y metales preciosos, tenía 365 patas y sobre su superficie, escrito con esmeraldas, un acertijo que permitía descubrir el nombre de Dios. El nombre de Dios es algo que no se puede escribir ni pronunciar, pero quien lo conoce tiene el mando, porque es la fuente de todo poder. El chamán cuenta una historia, el relato de los orígenes. Y queda automáticamente investido de autoridad. Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. El lenguaje es un virus del Espacio Exterior. Y en el principio era el Verbo, y todo aquello.

Quién dirige la narración domina el mundo.




4 comentarios:

Senses & Nonsenses dijo...

críptico, pero me ha encantado.

...y es que en el principio era el verbo.

un abrazo.

manuel_h dijo...

el dueño de la tele!

Alfredo dijo...

Senses, me explico un poco: Es que estuve en Toledo turisteando y en un concierto de música mozárabe. Y al día siguiente ganó Sarkozy en Francia.

Essato, Manuel, el dueño de la tele y el que sabe usarla. Esta semana vimos en TeleEspe el debate Ruiz Gallardón / M. Sebastián. Fue penoso, para ganar unas elecciones no vale con ser un buen gestor y un correcto economista, hay que ser una estrella del rock'n roll.

Anónimo dijo...

Tío, pos yo tomo los dos, Ebastel y polaramine, y aun así tengo sintomas, etto e un infienno.
Lo de que el principio fue el verbo nunca lo he entendido muy bien... También he leido en alguna ocasion que el nombre original de Dios es un verbo. Cosas...