Viernes 5 de septiembre. San Lorenzo del Escorial, en el nuevo superauditorio de la Comunidad de Madrid. Una zarzuela, “Cádiz”, compuesta por Federico Chueca y estrenada en 1886. Es una versión de concierto, sin numeritos teatrales. La orquesta es gallego-eslava, el coro madrileño, los solistas casi todos catalanes. El tema, andaluz: Diversas fruslerías amoroso-patrióticas con el trasfondo del Cádiz sitiado por las tropas de Napoleón durante la guerra de la Independencia. Música ligera y entretenida, el pop del siglo XIX. El público es casi todo “gente bien”. Señoras mayores con muchas horas de peluquería, mariquitas finos con el sweater de cashmer anudado al cuello (es que hace ya fresquito y estamos cerca de la Sierra).
El concierto comienza y una voz advierte que se va a efectuar una grabación del mismo. Por eso se ruega encarecidamente al público que guarde silencio. Eso no impide que, al final de cada número musical la gente aplauda rabiosamente. Cada vez más rabiosamente.
Al final del primer acto, la orquesta ataca la famosa “marcha de Cádiz”: “Que vivan los valientes que vienen a ayudar / al pueblo gaditano que quiere pelear / y todos con bravura, esclavos del honor / juremos no rendirnos jamás al invasor”. Muy bonito y muy sentido. Se apagan los últimos compases y, de pronto, se levanta un señor del público y grita enfervorizado: ¡¡¡Vi-va Es-paññña!!!. El público estalla en vítores y aplausos. Un frenesí.
-“¡Esta noche vamos a Jácara!” –dice Verónica Extensiones imperativamente, y es contestada al instante por un coro de noes y risas descalificadoras. “¿Al Cine Mola? Allí sólo van niñatos pijorros de Alianza Popular, un quiero y no puedo” –“Y la música es horrible, te pueden poner una de los Duncan Dhul después del Like a virgin! Un anticlimax total...”. “Mejor al Oh! o al Four Roses” –habla Luismi Soydandy, que no tiene coche ni pasta, pero conoce a uno de los relaciones, que no hace mucho se lo tiró en una sauna. “Hombre, tienen el atractivo de la piscina y la terraza con mesas de billar, pero son idiotas, ¡me llegaron a decir que yo no encajaba en el local!”-contesta Arturo Quexclusivo- “Por favooor, si ya mis abuelos bailaban allí cuando éso era Villa Romana...”. “Ya, pero es que apareciste en la puerta vestido como para entrar al Troyans. Y te acompañaba Raquelín Tiracopas, famosa en todos los parkings de la carretera de la Coruña por su mítica apertura de piernas!” –tercia Totón Nuncapruebo, que es poderoso y ha pillado esa noche dos gramos a su amiga la dromedaria del San Estanislao de Kostka. -“¡Tu si que eres mítico por tus cuelgues en ácido, guapito de cara, que ya llevas dos bugas destrozados a cuenta de la empresa de tu padre!” –“le vas a arruinar, pobre hombre!” –“Pero bueno, a lo que íbamos: ¿Dónde vamos?” –“Al Universal o al Ya’stá, por favor, que yo hace ya muchísimo que no ligo y se me está regenerando el virgo!- dice Marina Miliciana: Tiene la teoría de que en los antros pijos sólo ligamos los chicos –y es del tipo de chica estilo Alasbarricadas, da un poco de miedo a los héteros midelclás. -“Entonces de Pachá ni hablamos, claro...” –“Pues sabeís lo que os digo? Visto lo que hay, yo me piro, que he medioquedao con Bobo y Pequeño en el Ras” –“Ni se te ocurra, que te conozco y empiezas muy bien en el Rá, pero luego te coges un pedo terrible de garrafón en el Rí y acabas de madrugada revolcándote por el suelo de los lavabos del Ale” –“Vamos a tomar la primera al Zenith y allí decidimos”
“¡Ay, desde que me cerraron el O’Clock, ya no encuentro un sitio decente para bailar!”
Home is where I want to be Pick me up and turn me round I feel numb - burn with a weak heart (So I) guess I must be having fun The less we say about it the better Make it up as we go along Feet on the ground Head in the sky It's ok I know nothing's wrong . . nothing
Hi yo I got plenty of time Hi yo you got light in your eyes And you're standing here beside me I love the passing of time Never for money Always for love Cover up + say goodnight . . . say goodnight
Home - is where I want to be But I guess I'm already there I come home - -she lifted up her wings Guess that this must be the place I can't tell one from another Did I find you, or you find me? There was a time Before we were born If someone asks, this where I'll be . . . where I'll be
Hi yo We drift in and out Hi yo sing into my mouth Out of all tose kinds of people You got a face with a view I'm just an animal looking for a home Share the same space for a minute or two And you love me till my heart stops Love me till I'm dead Eyes that light up, eyes look through you Cover up the blank spots Hit me on the head Ah ooh
Luciana fue la primera. Se decía –las malas lenguas, ya se sabe- que había sido amante de algún jerarca del tardofranquismo. De otra forma, nadie se explicaba sus repetidas apariciones en TVE. Amiga personal de Manuel Fraga, animadora de mítines, nombrada responsable de los centros culturales del distrito de Barajas por el concejal Matanzo. Acabó con la cabeza perdida, recogiendo perritos de la calle y dando de comer a las palomas. Patético.
Por aquella misma época triunfaba Jaime en el mundo de la canción melódica. En 1972 había representado a nuestro país en el festival de Eurovisión. Luego cantaría el himno del partido –“hay que buscar la verdadera libertad”- y haría amistades importantes, convirtiéndose en un respetable hombre de negocios. Una impensada crisis financiera le dejó fuera de combate. Lástima.
Los felices años noventa conocieron el reinado de Norma, la diva del music hall. Una sobria matrona, portadora de los más sólidos valores espirituales, orgullo de nuestra raza. No se perdía un acto electoral. Luego se ha dedicado, con gran éxito, a la publicidad.
Hace unos meses, nuestro rico acervo cultural recuperó una de sus glorias de allende los mares: Luis volvió a la canción, de la mano de un ilustre mecenas, promocionando los encantos naturales de la costa levantina. Ahora mismo es un ídolo de masas en la red.
A raíz de mi anterior post –y del garrafal error de interpretación de una imagen-, me he sentido un poco como Iker Jiménez pillado in fraganti a la caza y captura de caras de Bélmez apocalípticas. Es cierto: 911 era el número telefónico de emergencias en los EE.UU. y no la precognición de un drama del siglo XXI (aunque no me negareis que el final del vídeo acojona un poco).
En mi descargo puedo decir que la mejor explicación a mi error está, precisamente, en el primer párrafo del post. El lenguaje es un virus. El lenguaje oral y el escrito, el verbal y el visual. Una cifra de tres números, 911, significaba en Estados Unidos -antes del 11 de septiembre de 2001- un teléfono de emergencias. Ahora es en todo el mundo el icono gráfico del desastre. De manera que mi primera reacción al verlo proyectado en esa pantalla azul del vídeo ha sido pensar: “esta mujer es una bruja”. Sin pararme a pensar que en el contexto en que se grabó la película (1986) el mensaje podía ser muy diferente. Y curiosamente, si buscamos “911” en Google España, el primer resultado será otra cosa muy distinta pero bastante evidente para los amantes del motor.
Entonces tenemos que –parafraseando a Marshall McLuhan- el mensaje es el contexto. O parte del mensaje, por lo menos. O más bien el contexto modifica, deforma, muta el mensaje.
Y termino –por hoy- con otro tema de Laurie Anderson sobre lenguaje y significados: White Lily
En qué película de Fassbinder el hombre manco entra en la floristería y dice: “¿Cuál es la flor que expresa... cómo pasan los días? Y siguen pasando... interminablemente... empujándote... al futuro. Los días pasan... interminablemente... interminablemente empujándote... al futuro.” Y el florista dice: “El lirio blanco.”
Yo había pensado escribir un post sobre el lenguaje y su distorsión, su manipulación, sus mutaciones. Me vinieron a la memoria las teorías del escritor americano William S. Borroughs. El autor de “El almuerzo desnudo” venía a sugerir más o menos la condición vírica de cualquier comunicación verbal. Los virus se multiplican en réplicas innumerables que sufren mutaciones y acaban siendo otros virus. Asociaba además la transmisión del lenguaje con la necesidad del yonqui/camello de propagar su drogodependencia. Con todo eso y un batiburrillo de otras buenas ideas, Laurie Anderson, una artista norteamericana con pinta de marciana neurótica, creaba en 1986 un espectáculo - concierto - performance que se llamaba “Home of the Brave” y que llegó a ser una película y un disco.
Ésto me hizo retroceder a 1981/1982, cuando supe por primera vez de la existencia de esta señora. Se iniciaba la era Reagan y en círculos selectos de todo el mundo se escuchaba una canción rarísima, larga, experimental, repetitiva e hipnótica. O Superman. Aquí está el vídeo y aquí la letra en inglés, que traduzco (un poco a mi aire):
“Oh Superman, Oh Juez, Oh Papá y Mamá. Papá y Mamá.
Hola, no estoy ahora en casa, pero si quieres dejar un mensaje, empieza a hablar después de la señal.
¿Hola? Soy tu Madre. ¿Estás ahí? ¿Vas a venir a casa? ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?
Bueno, tu no me conoces, pero yo a ti si. Y tengo un mensaje que darte. Ya vienen los aviones Así que prepárate Prepárate para marcharte Puedes venir tal como eres, pero pagas cuando te vas. Pagas cuando te vas.
Y yo dije: Vale, ¿Quién es éste realmente? Y la voz dijo: Ésta es la Mano – la Mano que aprieta Ésta es la Mano – la Mano que aprieta Ésta es la Mano – la Mano que aprieta
Ya vienen los aviones ¿Son aviones americanos? Hechos en América ¿Fumador o No Fumador?
¡Hola, Mamá! Así pues, sujétame, Mamá, en tus largos brazos (armas) Así pues, sujétame, Mamá, en tus largas armas (brazos) En tus armas automáticas Tus armas electrónicas En tus brazos Así pues, sujétame, Mamá, en tus largos brazos Tus brazos petroquímicos Tus brazos militares En tus brazos electrónicos
Según la propia Laurie, el texto tenía que ver con la crisis de los rehenes americanos en el Irán revolucionario de Jomeini y con la fallida operación militar que intentó su rescate. Pasaron los años y la canción quedó casi olvidada hasta que los ataques del once de septiembre en Nueva York –y lo que les siguió- pusieron de actualidad un tema que hablaba de aviones, de contestadores automáticos, del poder, del complejo militar-industrial...
Pues bien, en ésto estaba, preparando los enlaces para este post que tienen ustedes delante cuando, mirando en el youtube el vídeo del corte “Smoke Rings”, perteneciente a la mencionada película de 1986, casi al final del tema, me encuentro con la imagen de arriba: Claramente se leen en la pantalla del fondo las cifras malditas: 9 11.
Circa 1987. La comunidad de vecinos ha decidido instalar una antena parabólica y se ve la MTV (gran novedad). Es sábado por la tarde y me entretengo mirando los vídeos musicales mientras espero la hora de acicalarme para salir con los amigotes. Mi madre y mi hermana han salido. Mi padre duerme una siesta tardía. Hasta que se despierta, se prepara un café bien cargadito y se viene a mi lado (vayapordios, hombre). Mi padre siempre pretende estar a la última, así que se empapa durante unos minutos de cultura pop (Madonna, Cyndi Lauper, etc...), al tiempo que me ilustra con sus (lúcidos) comentarios sobre temas de actualidad. Animadamente. Me resigno, estoy ya acostumbrado. Pero cuando estoy ya a punto de iniciar una retirada estratégica a mi cuarto, aparecen Ellos en pantalla. Bronski Beat con Marc Almond I Feel Love. Papá contempla boquiabierto. El ritmo cuasi-Moroder disimula por un rato el silencio que se masca.
Cuando, una hora más tarde, voy a salir, Papá me pregunta (muy simpático): Oye, y... ¿Es verdad que Burt Lancaster TAMBIÉN es homosexual?
Iba a escribir el clásico post sobre Pinochet, pero no. Ya hay demasiada gente que lo ha escrito, y está todo dicho. (Roberto, chato, si estás vivo en alguna parte entre Miami y Tierra de Fuego, enhorabuena).
Así que voy a hablar de un disco que compré hace 25 años, en la primitiva tienda de Madrid Rock, en la calle San Martín. Se llama My Life in the Bush of Ghosts y es, sencillamente, profético.
Por aquel entonces yo era fan de David Bowie y, como tal, sabía quien era Brian Eno, la locaza calvorota que tocaba los sintetizadores en los primeros discos de Roxy Music, la mano maestra que se escondía tras los oscuros sonidos de Low y de Heroes (ambos editados en 1977, etapa berlinesa de Bowie). Por otra parte, acababa de descubrir un grupito nuevo americano. Un video visto en Aplauso de Once in a lifetime me había abierto los ojos: Los Talking Heads eran lo más moderno del universo, su Remain in Light, mi disco de cabecera y David Byrne, el número uno de mi santoral.
Así que Eno + Byrne en la portada de aquel vinilo me pareció el colmo de lo cool (entonces no decíamos cool, pero esa era la idea) y me lo compré corriendo. Al llegar a casa y escucharlo me enteré en realidad de que iba la cosa: Religión. Fanatismo. Fundamentalismo religioso. David y Brian se había limitado a poner ritmos y efectos sonoros a grabaciones previas. Radio-oyentes indignados, políticos ultraconservadores, telepredicadores evangélicos, unos argelinos recitando el Corán, un exorcismo en directo, una cantante libanesa... El efecto era estremecedor. Y bailable. Juro por mis muertos que he bailado Regiment en la pista del O’Clock, la disco gay del momento. En cuanto al leit motiv del disco, me pasó casi desapercibido. ¿Religión? Una excentricidad más entre las muchas de aquella época.
Dejando aparte lo visionario del concepto musical, que ha sido imitado desde entonces hasta la naúsea, escucho ahora el disco y me asombra su clarividencia en cuanto a que parece la banda sonora del “Conflcto de Civilizaciones” que vivimos en los últimos tiempos. E incorpora, yo creo, la idea básica para entender ese conflicto: Cristianismo, Judaísmo e Islam no son sino facetas diferentes de un mismo monstruo fundamentalista e irracional.
Para quien quiera profundizar en ello, recomiendo encarecidamente leer este interesante artículo con sus dos vídeos adjuntos. Y me quedo con la lapidaria frase del físico Steven Weinberg: "Con o sin religión, la gente buena seguirá haciendo el bien y la gente mala seguirá haciendo el mal; pero para que la gente buena haga el mal hace falta la religión".
Siempre estoy en plan abuelo Cebolleta, hablando del siglo trece, y no me había enterado de que existían las Hermanas de la Tijera, el grupo más mariquita neopop de la galaxia, a medio camino entre las voces en falsete de los Bee Gees y la manera de bailar, de vestir y de saber estar de Fabio McNamara. I don't feel like dancing!