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08 febrero 2008

De costumbres

Queridos blogolectores: Esta Butácora, en su noble afán por contribuir siempre al progreso de nuestra patria y ante la confusión que ha podido provocar en vuestras almas desorientadas la reciente propuesta electoral del partido de la oposición, realiza una vez más un esfuerzo sobrehumano y se pone al día para ofrecer al gobierno que salga de las urnas el próximo 9 de marzo un

DECÁLOGO DE BUENAS COSTUMBRES ESPAÑÑÑOLAS:

I.- Hablarás a gritos sobre todas las cosas. Te amarás a pesar de tus muchos complejos de inferioridad.

II.- No escucharás a nadie más que a ti mismo (es en vano, total pa’ qué?).

III.- Santificarás las fiestas arrojando algún animal desde la torre del campanario de tu pueblo. También puedes matar un toro a cuchilladas.

IV.- Honrarás a tus padres y les ingresarás en Urgencias cuando tengas un puente y quieras ir a la playa. Abandonarás al perro y a la abuela con alzheimer en una gasolinera de la A3, a la altura de Matalascabrillas del Duque.

V.- No matarás, pero durante las noches del fin de semana te está permitido circular a 215 kph por el casco urbano de tu ciudad con unas cuantas copas de buen vino español en el torrente sanguíneo. Si tienes un accidente, siempre puedes denunciar luego a la familia del atropellado para que te paguen la reparación de chapa del Audi.

VI.- No permitirás que nadie conozca los actos impuros que sueles cometer. Haz lo que te parezca, pero todo muy discreto. Excepción importante: Si eres un varón heterosexual y le pones los cuernos a tu pareja, debes contárselo a todo el mundo en el bar. Que el mundo lo sepa.

VII.- Robarás lo que puedas y a quién puedas. Defraudarás al Fisco. Inflarás los precios. Especularás con lo que se te ponga a tiro. Cobrarás sin factura y en negro. Amarás la contabilidad creativa.

VIII.- Mentirás lo necesario en cada caso, levantando falso testimonio contra tus enemigos. Ellos se lo han buscado. (Dedicado a Dña. Esperanza Aguirre y a sus consejeros de Sanidad).

IX.- No consentirás que nadie –excepto tu- disfrute con pensamientos o deseos impuros. A la hoguera toda la pornografía –excepto ese vídeo pirata de Cadinot que guardas encima del armario.

X.- Codiciarás sobre todo los bienes ajenos. Te pondrás verde de envidia ante cualquier ostentación de lujo de la vecina y procurarás por todos los medios dejarle muerta en la bañera comprándote una termomix más cara que la suya, con incrustaciones de brillantes y nácar, por ejemplo.

Estos diez mandamientos se resumen en dos: Te amarás a ti mismo sobre todas las cosas. Y al prójimo, ¡que le den!

Lo que se hace saber para la correcta instrucción de todos los inmigrantes, para su conocimiento y cumplimiento.


06 enero 2008

Ya vienen los Reyes.

En la Prehistoria, cuando yo era un enano, era la fiesta que más me gustaba. Por los regalos, claro. Pero también por todo lo demás: Una cena a base de fiambres y chocolate con roscón, con repetición del chocolate; Preparar un plato con turrones y unos whiskies para Sus Majestades, agua y azucarillos para los camellos. La excitación al irme a la cama, temeroso y pendiente a la vez de su mágica entrada por el balcón. Y a la mañana siguiente, muy temprano... ¡Allí estaba el anhelado Scalextric!. O el Cheminova. O el Meccano. O los Juegos Reunidos Geyper. O una precioso estuche de lápiceros Caran Dache, con todos los colores imaginables. Esa mañana, el banco en donde mi padre trabajaba montaba una función para los hijos de los empleados en un pequeño teatro del barrio de Huertas. Te podías hacer la foto en brazos del rey negro, que era el señor Cabezón, diligente contable y amigo de la familia. Luego venían las visitas a las casas de los abuelos, abundantes dulces y más regalos...

Entonces llegó el verano en que cumplí siete años. Habíamos alquilado durante tres meses un chalet en un pueblo de la sierra madrileña: Aprendí a montar en bicicleta y me eché mi primera novia, una niña rubia monísima que no recuerdo como se llamaba.

Mamá dobla sábanas con Angelita, la criada. Un gato se come el plato de bonito que mi abuela ha dejado en la fresquera. Mi hermana gatea por el jardín comiendo manzanas demasiado verdes. Y en el transistor suena intermitente, interminablemente, Radio Intercontinental. Mucho Manolo Escobar y Conchita Bautista, pero también Aznavour, los Beatles y, sobre todo, France Gall, que ha ganado ese año el Festival de Eurovisión. Poupée de cire, poupée de son.

Yo ando oscuramente enamorado de mi padre, ese atleta que viene a vernos los fines de semana y me lleva a nadar a unas charcas cercanas, me habla de las estrellas y de platillos volantes, del Sputnik y de la revolución de Fidel Castro.

Y una noche, bajo el cielo estrellado, papá me habla seriamente –de hombre a hombre- y me pone al corriente de la verdad acerca de dos hechos fundamentales: 1).- Los niños no los trae la cigüeña ni vienen de París. Salen de la tripita de las mamás por el agujerito que tienen para hacer pis. Y 2).- Los Reyes Magos no existen. ¡¡¡Son los padres!!!

El punto uno me deja algo desconcertado, pero no me preocupa mucho por aquel entonces. El sexo y la mecánica reproductiva me resbalan bastante. Pero lo de los Reyes Magos... Mi mundo se desmorona.

Y ahora que soy casi un viejo, recuerdo todo aquello y mi sobrino Javier me recuerda mis siete años y el fin de la inocencia. Los Reyes Magos –o Papá Noël, o Santa Claus- no son sino una inmensa conspiración de los adultos para engañar a los niños. “Es como lo de Dios” –me dice Alfonso. Tiene razón. Una broma, un estúpido sinsentido universalemente aceptado para crear falsas expectativas, una máquina del desencanto.

Y ya me acuesto, que van a venir y al verme despierto me van a dejar carbón.


11 diciembre 2006

El matorral de los fantasmas

Iba a escribir el clásico post sobre Pinochet, pero no. Ya hay demasiada gente que lo ha escrito, y está todo dicho. (Roberto, chato, si estás vivo en alguna parte entre Miami y Tierra de Fuego, enhorabuena).

Así que voy a hablar de un disco que compré hace 25 años, en la primitiva tienda de Madrid Rock, en la calle San Martín. Se llama My Life in the Bush of Ghosts y es, sencillamente, profético.

Por aquel entonces yo era fan de David Bowie y, como tal, sabía quien era Brian Eno, la locaza calvorota que tocaba los sintetizadores en los primeros discos de Roxy Music, la mano maestra que se escondía tras los oscuros sonidos de Low y de Heroes (ambos editados en 1977, etapa berlinesa de Bowie). Por otra parte, acababa de descubrir un grupito nuevo americano. Un video visto en Aplauso de Once in a lifetime me había abierto los ojos: Los Talking Heads eran lo más moderno del universo, su Remain in Light, mi disco de cabecera y David Byrne, el número uno de mi santoral.

Así que Eno + Byrne en la portada de aquel vinilo me pareció el colmo de lo cool (entonces no decíamos cool, pero esa era la idea) y me lo compré corriendo. Al llegar a casa y escucharlo me enteré en realidad de que iba la cosa: Religión. Fanatismo. Fundamentalismo religioso. David y Brian se había limitado a poner ritmos y efectos sonoros a grabaciones previas. Radio-oyentes indignados, políticos ultraconservadores, telepredicadores evangélicos, unos argelinos recitando el Corán, un exorcismo en directo, una cantante libanesa... El efecto era estremecedor. Y bailable. Juro por mis muertos que he bailado Regiment en la pista del O’Clock, la disco gay del momento. En cuanto al leit motiv del disco, me pasó casi desapercibido. ¿Religión? Una excentricidad más entre las muchas de aquella época.

Dejando aparte lo visionario del concepto musical, que ha sido imitado desde entonces hasta la naúsea, escucho ahora el disco y me asombra su clarividencia en cuanto a que parece la banda sonora del “Conflcto de Civilizaciones” que vivimos en los últimos tiempos. E incorpora, yo creo, la idea básica para entender ese conflicto: Cristianismo, Judaísmo e Islam no son sino facetas diferentes de un mismo monstruo fundamentalista e irracional.

Para quien quiera profundizar en ello, recomiendo encarecidamente leer este interesante artículo con sus dos vídeos adjuntos. Y me quedo con la lapidaria frase del físico Steven Weinberg: "Con o sin religión, la gente buena seguirá haciendo el bien y la gente mala seguirá haciendo el mal; pero para que la gente buena haga el mal hace falta la religión".

21 septiembre 2006

La línea divisoria

La experiencia de estos cinco años confirma que la visión del mundo de Bush y el fundamentalismo religioso se necesitan. No sólo porque ciertas formas de fundamentalismo cristiano alimentan el discurso del presidente, por ejemplo, en el rechazo a ciertas dimensiones de la explicación científica del mundo, sino también porque es en el forcejeo con el fundamentalismo islamista que Bush ha construido su discurso y sus mayorías. Se equivocan, por tanto, una vez más, aquellos sectores de izquierda que, por antiamericanismo -que es el último estadio del viejo discurso anticapitalista-, en la confrontación entre Bush y sus enemigos, muestran comprensión o simpatía por grupos como, por ejemplo, Hezbolá. La línea divisoria está en otra parte. La línea divisoria que separa la sociedad cerrada de la socidedad abierta pasa entre los que creen en unas comunidades orgánicas articuladas en torno a la tríada familia-patria-Dios y los que creen que la convivencia en libertad se basa sobre la autonomía del individuo. Y en esta división, Bush y Hezbolá están del mismo lado.

Josep Ramoneda, El País, domingo 17 de septiembre 2006

18 septiembre 2006

La Espada y la Cruz

Dice Benedicto XVI que el Islam es una religión violenta. Y cita al emperador bizantino Manuel II Paleólogo: "Enséñame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y os encontraréis solamente cosas malas e inhumanas como su orden de difundir a través de la espada la fe que predicaba". Y en otro párafo: "Dios no se complace con la sangre, no actuar siguiendo a la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiera llevar a alguien hacia la fe, necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, sin violencia ni amenazas... Para convencer un alma razonable no es necesario disponer ni del propio brazo, ni de instrumentos para herir, ni de ningún medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte...".

Su Santidad tiene muchísima razón: la propia reacción del mundo musulmán a sus palabras ha sido la mejor demostración de la violencia implícita en el Corán. Las ideas se deben combatir con otras ideas, no quemando iglesias.

Pero falta algo, falta otra media verdad. Falta decir que el cristianismo es también una religión violenta.

En el año 385 de nuestra era, tan sólo una quinta parte de los habitantes de algunas importantes ciudades del imperio eran cristianos. A pesar de que ya entonces era la religión oficial del estado. Pero entonces se prohibió cualquier otro culto y se persiguió a sangre y a fuego al pagano. Ni rastro de Isis, ni rastro de Afrodita, nada de druidas.

El jueves 27 de noviembre de 1095, el Papa Urbano II proclamó, al grito de “¡Dios lo quiere!”, la primera cruzada (1096-1099). En junio de 1099, los cruzados sitiaron Jerusalén, que cayó en sus manos el 15 de julio. En la conquista los cruzados realizaron una terrible matanza, que no respetó a judíos ni a musulmanes, mujeres o niños. Las cruzadas se repitieron y prolongaron mediante la violencia el dominio latino de Tierra Santa hasta finales del siglo XIII.

A principios del siglo XIII, los cátaros o albigenses se habían hecho muy populares en el Languedoc. Denunciaban la corrupción de la iglesia católica, practicaban un estilo de vida más sencillo y cercano al pueblo. Defendían la autonomía de los príncipes provenzales frente al papado y frente al rey de Francia. Entonces intervino el Papa Inocencio III. El resultado: la creación de la Inquisición y la sangrienta Cruzada contra los albigenses. No quedó ni uno.

Pero no tenemos que remontarnos hasta la Edad Media para encontrar ejemplos: Los que exterminaron a los nativos americanos en las praderas del Salvaje Oeste eran cristianos, protestantes. Los que ensalzaban al Caudillo de España por la Gracia de Dios –y le llevaban bajo palio, y declaraban que su guerra civil era una cruzada para defender la civilización cristiana- eran católicos. Los que se mataban a bombazo limpio en Belfast eran cristianos, unos católicos y otros protestantes. Los que entraron en Srebrenica y fusilaron a casi toda la población masculina –más de 5.000 musulmanes- eran cristianos, ortodoxos.

Mientras los católicos monarcas de las Españas expulsaban de su territorio a los infieles –o los convertían a golpe de hoguera, los sultanes de Costantinopla permitían casi siempre el culto cristiano en sus inmensos dominios: Así permanecieron los ortodoxos griegos, los coptos en Egipto, los maronitas en Líbano, los siriacos en Siria e Irak. En el Irán de los ayatolás existen libremente pequeñas y ancestrales comunidades de judíos, cristianos e incluso zoroastristas. ¿Cuántos judíos quedaron en Toledo, cuántos musulmanes en Granada?

En consecuencia, Ratzi, cállate. No revolvamos más la mierda.