30 julio 2007

Oriente Medio - Diario de Viaje (7)

Jueves 14 de junio. Nos levantamos algo más tarde. Desayuno –rodeados de peregrinos latino americanos- y salimos de vuelta a la ciudad vieja. En el barrio judío, visitamos los residuos del antiguo cardo romano, convertido en un bazar de souvenirs. Un escaparate nos permite contemplar el indisimulado deseo de algunos extremistas: La maqueta de un hipotético tercer templo de Jerusalén, que vendría a sustituir, en lo alto de la explanada, al actual conjunto de edificios islámicos. Museo Wohl de arqueología: Alberga varios restos de la ciudad romana, aparecidos durante recientes excavaciones. Museo de la Casa Quemada: Lo mismo, pero con una peliculilla o audiovisual que nos hace ver lo malísimos que eran los romanos y lo que hacían sufrir a los pobres judíos. Propaganda. Uno llega a simpatizar sinceramente con el bueno de Poncio Pilatos y hasta con el mismísimo Tito. Visitamos también el museo Old Yishuv, recreación de una casa judía típica en diferentes épocas de la historia. Curioso, sin más.

Un café y al Muro de las Lamentaciones. Hoy es alguna festividad religiosa y hay una multitud celebrando allí un rito importante: Cuando un niño judío alcanza los 13 años –y siempre que le hayan salido dos pelitos en el pubis- se dice que es “Bar Mitzvah”, o sea, adulto y responsable de sus actos ante su comunidad. Lo mismo para las niñas, pero con un año menos (ya se sabe que ellas son más espabiladas). Para celebrarlo, sus familiares le organizan una especie de Primera Comunión o Quinceaños con mucha fiesta y colorido típico. Y eso es lo que hoy estamos viendo. Las mujeres a un lado, separadas de los varoncitos por una verja y todos con unas pintas rarísimas, cantando, comiendo y soplando una especie de cuernos de cabra. Pintoresco. Luego visitamos el conjunto de antiguas sinangogas sefardíes, reconstruidas después de 1967 (previamente los jordanos se habían encargado de arrasarlas). Son bonitas y curiosas, aunque han perdido el encanto de lo original. Para entrar nos ponen una kipá en la coronilla.

Retrocedemos hasta el barrio armenio y visitamos el museo de esta importante comunidad cristiana, en la segunda planta de una antiguo monasterio. Muy cutre pero curiosísimo. Y aquí creo necesario destacar el escaso o nulo conocimiento que en España tenemos de las sectas orientales del cristianismo: Armenios, coptos, siriacos, maronitas... Residuos de herejías primitivas, impensables en un Occidente monopolizado por el Vaticano. Durante siglos, el Islam no impidió el desarrollo de tales comunidades en su propio seno. De hecho, los cristianos orientales solían alcanzar importantes posiciones en la administración y el comercio durante el dilatado periodo otomano. Hasta la Gran Guerra de 1914, que hizo estallar en pedazos el añoso y decadente imperio, desencadenando además un monstruo terrible: El nacionalismo turco. Los armenios fueron considerados de pronto una amenaza. Perseguidos y exterminados hasta el genocidio, los supervivientes huyeron de Anatolia. Muchos se refugiaron en la Palestina recién conquistada por los británicos o en el Líbano de administración francesa.

Comemos ricas falafel en la terraza de un café y entramos en una tienda del barrio cristiano buscando un encargo. El dependiente es un señor anciano que habla un correcto español. Tienen todo tipo de souvenirs para el viajero piadoso, a destacar unos sets multiproducto con agua del Jordán, aceite del Huerto de los Olivos, tierra del Gólgota e incienso para perfumarlo todo. Nueva y rápida visita al Santo Sepulcro, haciendo tiempo hasta las tres de la tarde, hora en que se abre al público la iglesia armenia de Santiago. Muy recomendable, por la ornamentación recargada, lo exótico del ceremonial y la belleza de los cánticos. Por otra parte, los curas armenios –hay unos diez concelebrando la misa- son todos jóvenes y guapísimos.

Siesta en el hotel y retorno al centro, entrando por la puerta de Damasco. En el barrio musulmán se nota un ambiente tenso, muchas patrullas de la policía y el ejército (esa noche nos enteramos por los noticiarios de la tele de que en Gaza ha triunfado la revuelta de Hamás contra el gobierno de la Autoridad Palestina). Nos desviamos hacia el barrio cristiano, pero nos perdemos un poco y unos niños árabes nos indican la salida. No es gratis, nos piden dinero. Ni de coña. Salimos de la ciudad antigua y tomamos unas cervezas en la terraza del YMCA, muy agradable a esa hora. Parece que estés a años luz de cualquier conflicto. Cenamos por allí, en un pequeño restaurante No-Kosher. Comida europea y público de aspecto “normal”.


1 comentario:

Senses & Nonsenses dijo...

muy interesante la historia de las comunidades cristianas. y satisfacer nuestra ignorancia sobre la belleza armenia, jejeje.
...y lo de los sets multiproducto, ...no sé lo que me parece. alucinante.
imposible no pensar en los mercaderes expulsados del templo.

un abrazo.