24 enero 2012

Rumbo a la deriva.


Buenas tardes. Les habla su Capitán.
Estamos a punto de intentar un aterrizaje catastrófico.
Por favor, apaguen sus cigarrillos y pongan sus mesas en posición vertical.
El Capitán dice: Pongan sus cabezas en sus rodillas.
El Capitán dice: Pongan sus cabezas en sus manos.
El Capitán dice: Pongan sus manos en su cabeza.
Pongan sus manos en sus caderas.
Je, Je.
Les habla el Capitán – y estamos cayendo.
Estamos cayendo todos juntos.
Y yo dije: Oh, vaya.
Esto va a pasar algún día
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Eeh- les habla el Capitán de nuevo.
¿Saben? Tengo el curioso presentimiento
De haber visto todo esto anteriormente.
¿Por qué?
Porque soy un hombre de las cavernas.
¿Por qué?
Porque tengo ojos tras mi cabeza.
¿Por qué?
Es el calor.
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Pongan sus manos sobre sus ojos.
Salten del avión.
No hay piloto.
No están ustedes solos.
Aguarden.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.
Este es el momento.
Y esta es la grabación del momento.

Laurie Anderson, From the air (1982) La traducción es mía.




24 agosto 2011

Esa loca juventud

Benito en Madrid: Jóvenes sanotes, valientes y amantes de la paz.



En mis años mozos: Aquellos chalados. Bajo su pulgar.



Piongyang: Cuanto más jóvenes, mejor. Más flexibles.



El origen de la juventud sana: Leni Riefenstahl



Atención, pregunta: ¿Cual es el vídeo que no cuadra en esta secuencia?

18 noviembre 2010

Brasil





Hemos estado dos semanas en Brasil (y un par de días en Argentina).

12 agosto 2010

Baden Baden (y III)

Lo primero que llama la atención de la obra recién acabada es el estudiado diseño de paisajística urbana. Los señores del excelentísimo ayuntamiento han pensado en todas las necesidades de la vida moderna, especialmente en los vehículos de dos y cuatro ruedas. También la imprescindible publicidad ha encontrado acomodo en el nuevo espacio. Una pena que el turista -o el simple paseante de su propia ciudad- tenga que hacer virguerías si quiere tomar alguna vista del Congreso…

…o de la plaza de Neptuno desde el costado del hotel Palace.

En la plaza de las Cortes la obra está aún por terminar, pero ya se aprecia el inequívoco estilo Gallardón: Concienciado con el cambio climático, nuestro alcalde ha decidido eliminar cualquier rastro de ajardinamiento y lo ha sustituido por duro granito jaspeado -apariencia inocente que oculta cuarzo, mica y feldespato.

Eso si, se ha tapado la antigua salida del parking (era un horror) con una especie de homenaje en piedra a la tumba de Lenin. Y hasta el cruce de la carrera de San Jerónimo con la calle Cedaceros, el resto de la obra nos recuerda vagamente al invierno en Vladivostok.

Me alejo de la remodelación modélica y desemboco en la plaza de Canalejas. Mi plaza de Canalejas. Dieciocho años trabajando en uno de sus emblemáticos edificios me dan derecho a usar el posesivo. Dieciocho años viendo como se degradaba, reforma tras reforma. De centro financiero y emporio del lujo elegante a simple lugar de paso para el turismo de alcohol barato y sexo fácil que nos invade en los últimos tiempos.

Sigue repleta de artefactos inútiles, diversos cachivaches urbanos que afean la vista…

…y complicadas señales de tráfico que sólo consiguen despistar al miserable conductor que cometa el terrible error de introducirse en esa zona.

Y el cartelón que anuncia alguna obra inminente desde hace un par de años.

Y el típico socavón que se llena de agua sucia cuando llueve.

Y el bujero-papelera, tan nuestro.


Total, que me vuelvo a casa hecho un manojo de nervios. Y al llegar a mi calle encuentro…

…el punto limpio, como su propio nombre indica.

08 agosto 2010

Baden Baden (II)

Termino el re-desayuno y prosigo el paseo. Ahora me encamino a Cibeles por Recoletos. El otrora hermoso paseo, tontódromo de la ciudad, bulevar florido donde ver y dejarse ver. Sobre todo en noches oscuras. Abandonado a su suerte en los últimos veinte años. Último refugio entre autopistas de chaperos, yonquis y demenciados. Recibe ahora un tratamiento de choque por el Ayuntamiento. ¿Sobrevivirá?


Un suelo compacto de alguna misteriosa amalgama sustituye al roto pavimento de cerámica. Las mencionadas farolas de Ikea (la farola modenna, la farola de moda), al modelo anterior de luminaria, un tanto cursi y recargado de floripondios, es cierto, pero los floripondios fueron cosa del Sr. Álvarez del Manzano y López del Hierro (era un único señor a pesar de tanto apellido). Unos bancos de grantito anti-ergonomía reemplazan a los anteriores de madera y hierro forjado, tan cómodos y todavía en buen uso. Para cruzar a Bárbara de Braganza tienes que dar un extraño rodeo, porque la nueva peatonalización supone que el paso de peatones no está en su sitio (la esquina) sino muchos metros más allá.

Los que no desaparecen son los añadidos hosteleros que depredaron los jardines laterales en los años 90: El mostrenco kiosko-terraza del café Gijón, el abusivo capricho Art-Nouveau del Espejo. Y los plásticos soportes grafiteros de los puestos de helados. Y el espantoso acceso (de pus) a la estación de Renfe (ahora Adif). Cuando paso del tramo re-decorado al viejo y decadente, no puedo evitar un suspiro de alivio. Aquí al menos la luz reflejada en el granito y el acero no daña la vista.

Llego a Cibeles y cruzo por el lado del Banco de España. Aquí tengo que reconocer que el Ayuntamiento de RuizGa tuvo (hace años) el buen criterio de poner semáforos y eliminar pasos subterráneos. Pero alcanzo la zona central del paseo del Prado y compruebo que sigue tan abandonada y cutre como solía.

Un puesto de helados con toda su intendencia y aparato electrónico. El kiosko de prensa de toda la vida. Y una infinidad de objetos de mobiliario urbano, inútiles salvo como soporte publicitario. Destaca una de esas absurdas señales luminosas marrones que orienta a los turistas en español, inglés y japonés. Un amigo nuestro, británico él, se descojona vivo cada vez que la ve, al advertir que “plaza de Cibeles” se dice en inglés “plaza de Cibeles”. Elementary, my dear Watson.

El mal humor que siento al imaginar el pastón que nos hemos gastado los madrileños en el nuevo despachito del alcalde (antes Notre Dame des Communications) se me pasa un poco paseando por el bulevar junto al antiguo ministerio de Marina. Sombra, verdor, estilo. Y enfrente, la fuente de Apolo, tan fresca y armoniosa.

Pero llego a Neptuno (a.k.a. plaza de Cánovas del Castillo) y me vuelvo a derrumbar: Aquí también, junto a los museos del Prado y Thyssen, entre el Palace y el Ritz, la farola terminator, la farola que acabará con todas las farolas. Se trata de la casi finalizada remodelación del tramo final de la Carrera de San Jerónimo.

Redecora tu vida o muere, maldito bastardo.

07 agosto 2010

Baden Baden (I)



“Madrid en agosto, con dinero y sin familia… ¡Baden-Baden!”
, dicen que dijo en alguna ocasión D. Francisco Silvela, ilustre prócer madrileño de hace un siglo.

Así que como es agosto, estoy forrado y tengo a Alfonso de vacaciones nilóticas, he decidido esta mañana muy tempranito salir de paseo, armado de mi cámara y como un turista más, decidido a disfrutar ese idílico Madrid agosteño.

Aprovecho para llevar envases a reciclar al punto limpio de mi calle, también llamado urinario público nº 1. Tres contenedores malolientes acumulan los residuos que los sufridos vecinos nos obstinamos en depositar. Papel, vidrio y envases, porque en el barrio no hay recogida de cubos amarillos, aunque pagamos la misma tasa de basura que en Chamberí o Salamanca. Alrededor, un revoltijo de residuos en estado sólido, líquido y gaseoso, orgánicos e inorgánicos.


“Es temprano” -me digo. “Pronto pasarán por aquí los señores barrenderos municipales para recogerlo todo, regar la calle y dejarla más limpia que una patena”. Y contento y feliz, emprendo mi recorrido turístico. Tomo el metro -línea 5- en Latina. La estación no tiene aire acondicionado y empiezo a sudar -suerte que me puse desodorante-, pero cuando llega el tren y subo al vagón el calor tropical se convierte en frío siberiano. Estornudo.

Salgo tiritando del suburbano en Alonso Martinez, a la plaza de Sta. Bárbara que tan gratos recuerdos me trae. Lo primero que veo es un informe retal de césped descuidado, rodeado por una cáscara parda de hormigón y herrumbre. Sobre el césped, los restos del botellón del viernes. Botes de refresco y botellas de pet vacías. La plaza ha sido reciéntemente peatonalizada adoptando una estética entre Ikea y Terminator. Se trata de dar un aire escandinavo y futurista al conjunto histórico del Madrid Isabelino.


Las viejas farolas de siempre han sido sustituídas por artefactos relucientes y robóticos, los románticos banquitos de piedra desgastada son ahora un poema dada; Y donde había un templete neoclásico que albergaba una pequeña librería de viejo se levanta un kiosko neomoderno de vidrio y acero con librería… y bar. Alrededor, un viejo palacio abandonado (nº 10 de la plaza) y algunos arbolitos enclenques recien plantados (en Madrid, árbol puesto es árbol muerto por falta de cuidados). Mucho más mejor asín.


No quiero caer en una infecunda nostalgia, así que bajo la calle Génova hasta Colón. Entro en la cafetería Riofrío, una de las poquísimas que resisten a la desaparición de la especie. Pido un café con leche y un croissant (ya dije que estoy forrado) y recuerdo como era la zona antes de que el alcalde Arias Navarro decidiera transformarla en “la plaza más bonita de Europa”. Yo era entonces un niño pequeño y me impresionó sobremanera el efecto de las piquetas sobre el palacio de Medinaceli. Recuerdo también los furibundos ataques de la prensa conservadora a Tierno Galván cuando remodeló la Puerta del Sol instalando las llamadas farolas “supositorio”.


Soy incorregible, otra vez la nostalgia me atacó.

13 julio 2010

Soy guiri.

Yo creía que era español.

Nací y crecí en Madrid y me eduqué en castellano, tengo dificultades para conversar en cualquier otro idioma. Me gustan Velázquez y Picasso, la tortilla de patatas y el gazpacho, Jorge Manrique y el romancero -pero también Goytisolo o Mendoza-, el suave Mediterráneo y las borrascosas costas del Cantábrico, las llanuras de Castilla y todo lo que riega el Guadalquivir. Tributo a la hacienda pública del Reino de España, voto periódicamente como un ciudadano más y mi pasaporte dice que tengo la nacionalidad española.

Falso.

Yo soy guiri.

El mundial de fútbol me ha quitado la venda de los ojos.

Vaya por delante mi alegría por el triunfo de la Selección. Se merecen lo mejor, son guapos y simpáticos, Iker es un cielo, Del Bosque me cae fenomenal. Enhorabuena para todos ellos.

Pero así y con todo, no me gusta el fútbol. No siento ninguna emoción cuando marcan o dejan de marcar, me aburre soberanamente y siento total indiferencia si el equipo de la Confederación Helvética nos cuela un gol. Tampoco me gustan las multitudes de ningún color ondeando banderas. Es algo genético: Veo una multitud con banderas y echo a correr. Desde siempre.

Y ayer, cuando paseaba por Lavapiés -pensabamos cenar en un indio de la zona-, un gracioso magrebí, portador de la enseña patria y enfundado en camiseta carmesí, me intentó explicar en inglés lo contentísimo que estaba porque España era the champion of the world.

Ahí me di cuenta. Soy un guiri.

07 julio 2010

La alternativa

Una refrescante alternativa para el próximo domingo:

¡Natación Sincronizada!

04 julio 2010

Fútbol vs Orgullo

Tarde de sábado veraniego. Escribo un aburrido informe económico e intento animarme con músicas tontas. De la calle me llegan sonidos estridentes. Gente que grita, pitos y bocinas. Se preparan para el Partido.

Llevan días preparándolo, en realidad. Varios clientes me han preguntado cosas como “¿dónde lo vas a ver?”, dando por hecho que lo voy a ver. Suelo responder con evasivas, es difícil enfrentarse al mainstream. Hace poco llamé a Movistar (antes Telefónica) para darme de baja en su servicio de televisión de pago (nunca lo he utilizado realmente). Unas horas después recibí la llamada de una amable señorita del servicio de atención al cliente para ofrecerme gratuitamente el abono a todos los canales de fútbol imaginables a cambio de seguir conectado. Decliné tal invitación.

Soy un bicho raro, ya lo sé. Odio la Navidad, las fiestas de los pueblos, las vacaciones familiares en la playa y el Mundial de Fútbol. Odio las cosas que se supone que gustan a todo el mundo.

No me gusta el fútbol de la misma manera que no me gusta el cine de Kiarostami. Me aburre soberanamente. Hasta ahí, todo es normal, no pasa nada. Pero intentad imaginar un mundo en el que lo habitual fuera la pasión de las masas por el cine experimental iraní. De la indiferencia por “El sabor de las cerezas” podríamos pasar a sentir una franca aversión.

Otra cosa que no soporto es el fácil patriotismo de la afición. Estoy seguro de que muchos de esos vociferantes españoles de ocasión procuran defraudar al fisco siempre que pueden.

En fin, suenan los himnos, comienza el partido y yo termino mi trabajo, me doy una ducha, me visto y salgo a la calle. Tengo la intención de acercarme a la Gran Vía a cotillear un poco el desfile del Orgullo. Una pequeña inmersión el el océano marica me hará sentir mejor, pienso.

Equivocádamente.

De mi casa a Callao hay como quince minutos andando por calles llenas de bares con televisión. Y cuando por fin llego, sobre la pachanga disco de las carrozas suena la voz atronadora de un grupo de alegres lesbianas que retransmiten la victoria: “¡¡Es-pa-ñña-Es-pa-ññaaa!!”. Ni allí me libro.

Me siento cada vez más incómodo, viejo, fuera de lugar entre ese aluvión de torsos depilados, carne fresca al microondas, contoneándose frenéticos al ritmo de Kylie. Así que vuelvo a casa por calles secundarias, buscando la paz y el silencio.

Al pasar por la plaza de la Marina Española (donde está el Senado), una mujer y un hombre charlan acalorados en la puerta de un restaurante. Ella dice algo así como “me parece bien que la Seguridad Social les pague el cambio de sexo, pero no hay derecho a que corten todo Madrid...”

Ese retazo de conversación me hace dudar. ¿No es el Orgullo en el fondo para mucha gente el mismo tipo de imposición odiosa que suponen para mi los partidos del Mundial?.

No. No es lo mismo.

Hay otras manifestaciones incómodas para mucha gente en una ciudad como Madrid. El uno de mayo, las procesiones de Semana Santa, los ganaderos con sus ovejas por la Cañada, el día de la Bicicleta, la Maratón y el Sursum Corda. Si no te gusta el Orgullo, te quedas en tu casa o sales por otros barrios y ni te enteras. Pero si no te gusta el futbol... Ah, querido, entonces lo tienes crudo, porque ni aunque te encierres en la cartuja vas a dejar de escuchar cada uno de los goles y sus correspondientes celebraciones. En un mercado de Xian, en lo alto del Machu Picchu, en cualquier isla perdida del Pacífico, alguien te preguntará: ¿Real Madrid o Barça?.

11 mayo 2010

Toda crisis es una oportunidad (business as usual)

El 11 de septiembre de 2001, unos chiflados exóticos estrellaron dos aviones comerciales contra el símbolo del capitalismo occidental, las torres gemelas del WTC de Manhattan.

Cundió el pánico, las bolsas se desplomaron, la economía americana entró en recesión y la autoridad competente (FED) bajó los tipos de interés para inyectar liquidez al sistema (política monetaria).

Los reducidos tipos de interés abarataron las hipotecas. El mercado inmobiliario experimentó un gran boom. Los bancos inflaron la burbuja concediendo préstamos a todo quisqui y tasando las casas hipotecadas por encima de su valor real.

En lugar de mantener en su activo esas hipotecas basura, los bancos que las habían concedido hacían un buen negocio vendiéndolas a terceros. Troceadas y disfrazadas con nombres exóticos, las agencias internacionales de rating (hay tres o cuatro en todo el mundo) las calificaban como deuda “buena”, y así acababan en la cartera de inversiones de las más prestigiosas instituciones financieras del mundo mundial. Ingeniería financiera.

Cuando los tipos de interés empezaron a subir (política monetaria) y la gente se quedó sin poder pagar su hipoteca, la burbuja pinchó, el mercado inmobiliario se hundió y la ruina se extendió como mancha de aceite.

El problema derivó en una absoluta falta de confianza en los mercados. Los bancos no se prestaban dinero entre ellos (mercado interbancario) y ya nadie se fiaba de las agencias de rating.

Algunos bancos hicieron un gran negocio con la crisis, pues apostaron a la baja (Goldman Sachs). Pero otros habían acumulado montones de deuda basura y algunos quebraron (Lehman Brothers).

Otros eran “demasiado grandes para dejarlos caer” y los gobiernos respectivos intervinieron para sacarlos a flote. La crisis (primero financiera, luego de la economía real) costó mucho dinero al erario público. En EE.UU., en Gran Bretaña, en Alemania, en España y... en Grecia.

Los estados de medio mundo incurrieron en grandes déficits (política fiscal). Para financiarlos, emitieron deuda pública. Goldman Sachs asesoraba al gobierno griego en esas emisiones, ayudándole a camuflar las verdaderas cifras del déficit.

En octubre de 2009 cambia el gobierno en Grecia. Y entonces las agencias de rating se ponen exquisitas y alertan de la mala calidad de la deuda pública griega. Un par de artículos en el Wall Street Journal por aquí, un par de editoriales de The Economist por allá y ¡ale-hop!, los inverores entran en pánico.

Pánico muy bien aprovechado por tiburones y buitres carroñeros. Apostando contra la deuda griega via credit default swaps (ingeniería financiera). Curioso instrumento que permite asegurarte contra el impago de unos títulos de deuda que, en realidad, no son tuyos.

Profecía autocumplida: La desconfianza se traduce en un pispás en un aumento del diferencial (riesgo-país) que debe pagar Grecia para colocar su deuda. O sease, los griegos tienen que pagar más intereses que los alemanes (pongamos por caso) para vender esa deuda. El encarecimiento de las obligaciones crediticias del estado griego hace improbable que efectivamente pueda hacer frente a esos pagos. Y vuelta a empezar.

Vale, Grecia emite su deuda en euros. Y todo lo que pueda pasarle a Grecia le afecta al euro. Así que baja la cotización de la divisa europea frente al dólar, cosa que le viene muy bien, mira tu por donde, a las grandes compañías exportadoras de Alemania.

La Unión Europea dice -repetidas veces- que ayudará a Grecia, que no la dejará hundirse en el lodazal de la insolvencia. Pero nadie hace nada en realidad, pues el gobierno alemán tiene a la vista elecciones regionales y ayudar a esos derrochones del Sur es impopular (cigarras vs. hormigas) y si Alemania no cede, los demás gobiernos de la Unión no empujan.

Así que la crisis se extiende y profundiza. En el punto de mira de “los mercados” aparecen nuevas piezas: Portugal, Irlanda, Italia y España, los otros miembros del club PIGS.

En unas semanas, las bolsas se hunden, las agencias descalifican, los inversores desconfían, los gobiernos amenazan y los pueblos tiemblan.

Finalmente se celebran elecciones en Renania del Norte-Westfalia, se reúne el Ecofín y se concreta un mecanismo europeo para acudir en ayuda de los estados con problemas. Se aporta un fondo de 750,000 millones de euros a cambio de imponer duras condiciones a esos países (reducción rápida y radical del déficit públlico).

Al día siguiente (hoy), el Ibex sube más de un 14% y todo el mundo está muy contento.

¿Quién ha ganado en toda esta película? ¿Quién ha perdido?

El inversor de a pie, el ahorrador medio que mantenía una carterita de titulos pensando en el futuro, ha vendido barato en el momento de mayor acojone. Ha perdido.

Los grandes bancos de inversión, los hedge funds transnacionales, cibernéticos y anónimos, han ganado mucho dinero comprando barato y vendiendo caro, distorsionando precios, apostando fuerte a caballos ganadores.

Los pueblos de Europa pierden. Las sociedades de los países atacados por especuladores, tendrán que “apretarse el cinturón”. Y eso del cinturón significa renunciar a su incipiente estado del bienestar en lugar de, por ejemplo, aumentar la presión fiscal sobre las transacciones finencieras especulativas o luchar coordinadamente con el resto de la Unión Europea contra la economía sumergida, el dinero negro, las mafias internacionales y los paraísos fiscales.

La democracia se deteriora. Son “los mercados” los que determinan las políticas económicas, no los parlamentos.


¿Y era ésto la “refundación del capitalismo” que prometían Sarkozy y otros líderes mundiales?

Pues vaya toalla...

PS para saber más:

Naomi Klein

Vicenç Navarro

Oliver Stone






12 enero 2010

El regreso

Venecia. Enero 2010. Visconti y Fellini, Mahler y Nino Rota, los caballeros Von Aschenbach y Casanova. Una superproducción de Butácora en Cutrevisión y Tuborama.



20 noviembre 2008

Crisis (V)


¿Qué se hizo el rey don Juan?
¿Los Infantes de Aragón,
qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fue de tanta invención
como truxieron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?,
¿que fueron sino verduras
de las eras?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Pues el otro, su heredero,
don Enrique, !qué poderes
alcançaba!,
¡cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!
Mas veréis, ¡cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró!;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vaxillas tan febridas,
los enriques y reales
del tesoro,
los jaezes y caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron, sino rocíos
de los prados?

15 noviembre 2008

Crisis (IV)

“No es sólo un inmenso andamiaje económico lo que se desmorona, sino una concepción del poder, de sus bases ideológicas. Es necesario tener en cuenta todas las dimensiones de este derrumbe para reconstruir con otros materiales. Y, sobre todo, reponer en el eje mismo de la acción pública los principios democráticos que, en un error histórico, se sustituyeron indebidamente por las leyes del mercado...

...Ahora, que no juzguen quienes deberían ser juzgados. Han sido "rescatados" por el Estado y quedan desautorizados para opinar sobre unas propuestas que pretenden el "rescate" de la gente. Que callen ahora quienes -como el Banco Mundial, el FMI y la OMC- no levantaron la voz cuando debían...

...Es una crisis del capitalismo y no en el capitalismo, como pretenden, para continuar después su desbocada carrera, los más fervientes defensores de la economía de mercado que, por la ausencia de valores y de pautas de buen gobierno, ha fracasado estrepitosamente. Conviene, sobre todo, no volver a un "nuevo capitalismo", sino promover un nuevo sistema económico mundial basado en la justicia y regulado por instituciones integradas en unas Naciones Unidas completamente reformadas, quizás refundadas, que dispongan de los recursos personales, técnicos y económicos que les permitan actuar eficazmente y aplicar a los transgresores todo el peso de la ley...

...Sólo con una autoridad supranacional adecuada podrá tener lugar la regulación de los mercados. Y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, con los que los tráficos de drogas, armas, patentes, capitales y personas podrán también desaparecer. Ha quedado claro que los mercados no se "autorregulan", sino que favorecen en el espacio supranacional, totalmente impunes, todo tipo de transgresiones y de mafias...

...Que los súbditos se transforman en ciudadanos, los espectadores impasibles en actores, para que tenga lugar un cambio profundo del fondo y de la forma en el ejercicio del poder: la gran transición de una cultura de fuerza e imposición a una cultura de la palabra requiere educación en todos los grados y durante toda la vida; el fomento de la creatividad y diversidad cultural; la promoción de la investigación científica; de la sanidad para todos.

Grandes oportunidades, grandes responsabilidades que deben asumir los ciudadanos que tienen más que aportar al cambio. Ahora, poder ciudadano. Ahora, los pueblos, la gente.

Las crisis son una oportunidad de edificar un mundo nuevo, de volver a situar los principios éticos universales de la justicia, de la democracia genuina. No desperdiciemos las oportunidades. Debemos recordar, todos los días, el sabio aviso de Sófocles: "Cuando las horas decisivas han pasado es inútil correr para alcanzarlas".”

¿Quién escribe estas palabras en un artículo publicado hoy en El País?

¿Un radical antisistema de los que no hace tanto se manifestaban contra la globalización? ¿Llamazares, Santiago Carrillo, Alfonso Guerra? ¿Un sociata cualquiera? ¿Jorge Verstrynge?

No.

Federico Mayor Zaragoza, ex alto cargo en los últimos gobiernos de Franco. Ex ministro de la UCD. Ex director de la UNESCO. Una persona de bien y de orden, de las de toda la vida.

Por otra parte, completamente de acuerdo.

08 noviembre 2008

Hola y adiós.


El pasado martes 4 de noviembre, los estadounidenses que pueden elegir han elegido al presidente de los Estados Unidos, o sea, a nuestro presidente y al presidente de todos los demás países del mundo. Parece que esta vez han votado en masa y han optado por alguien muy distinto de todo lo anterior. Hola, Obama. Enhorabuena a los premiados, este muchacho parece serio y sobradamente preparado para dirigir el Orbe Cristiano Occidental.

Y la próxima semana se reúnen en Washington los caciques de todas las tribus solventes del planeta para Refundar el Capitalismo. Yes, we can, un Mundo Nuevo, mejor y más justo nos espera!

Desengáñense. Los verdaderos amos del universo siguen y seguirán siendo los de siempre, las grandes corporaciones transnacionales, las mafias interconectadas, las aves de rapiña digitales, Robin Hoods a la inversa, Merlines de la especulación y del fraude. Nada va a cambiar.

O si: La gestión global del sistema capitalista puede ser desde ahora un poco más eficiente, un poco más racional. Nada que ver con el completo desastre en que ha desembocado una era marcada por el anarquismo de mercado, el fanatismo de la desregulación y el sálvese quien pueda. No es por presumir, pero ya lo decía yo, aquí mismo, hace cuatro años.

Así que adiós, Bushes, Reagan, Thatcher y todos los demás. Bye bye.

30 octubre 2008

Reinas

Esta mañana de octubre desquiciado nos hemos despertado con una noticia chocante. Noticia que ha producido una rápida reacción en mucha gente.

A mi todo ésto me huele a cuerno quemado. A maniobra de la Obra. La reina será todo lo conservadora que se quiera, pero tonta no es. Nunca ha sido indiscreta ni imprudente. Y menos en un tema que toca de lleno a su propia familia, prestándose al chiste fácil.

El comunicado de esta noche deja en evidencia a la autora del libro, creo.

22 octubre 2008

Diario de Indochina (IV)


Sábado 13 de septiembre. Nochecita vietnamita: Tormenta con gran aparato eléctrico e indigestión sin un almax a mano. A las seis de la mañana tomamos una frugal colación y nos llevan en lancha a la Cueva de la Sorpresa. A pesar del nombre, no hay grandes sorpresas en esa cueva: Como en las cuevas de Nerja, estalactitas y estalagmitas iluminadas con colorinchis y un guía que hace ver en cada roca un objeto determinado. La Virgen de Lourdes, Ho Chi Minh o la Sirenita. En este caso, la atracción estelar es una formación caliza en forma de falo. El guía se mea de risa y los australianos se ruborizan.

Lo que si merece la pena es el islote –o más bien conjunto de islotes formando un puerto natural- donde se encuentra la cueva. Tremendos peñascos, que surgen del agua verde-azulada cargados de vegetación y se elevan abruptamente hasta una altura inusitada.

Volvemos al junco y desayunamos más en serio. Alfonso descubre que su cámara de vídeo ha dejado de funcionar, seguramente a consecuencia del extremo calor y humedad de la zona. Despliegan las enormes velas y el barco empieza a navegar lentamente, camino de Ha Long, la costa y el final de nuestro crucero.

En el embarcadero nos espera el chófer, que nos llevará al aeropuerto de Hanoi. Por la carretera voy fijándome en la arquitectura popular, casas familiares construidas casi todas en los últimos veinte años. El modelo básico es el chalecito francés: Tejado a dos aguas, frontones, balaustradas y arcos diversos. Algo que podría estar en Toulouse o en Tavernes de Valldigna. Pero lo peculiar aquí es que ganan en altura hasta alcanzar cinco o seis pisos, sin ocupar más que un escaso rincón del suelo. Es lo que llaman “casas cohete”. Además, la fantasía del constructor se traslada al edificio en forma de torretas, figurillas de dragones, ventanas morunas y demás detalles decorativos pop. El modelo básico evoluciona hasta extremos inconcebibles, creando algo que sólo puede ser Vietnam.

Llegamos pronto al aeropuerto, pero no conseguimos embarcar en el primer vuelo a Da Nang y el siguiente no sale hasta cuatro horas después. Tenemos que esperar en una sala fea y desangelada: Cuatro tiendas de golosinas y souvenirs, una cafetería cutre y una pequeña librería. Por matar el tiempo nos sentamos en la cafetería y pedimos unas patatas fritas –imitación a Pringles- y fideos industriales al microondas. Investigo las tiendas: Las de alimentación venden sobre todo frutos secos, chocolate, café y pasteles del Festival de la Luna (el regalo típico en estas fechas). En cuanto a la librería, casi todo está en vietnamita pero hay una sección en idiomas extranjeros. Son todo libros editados aquí, historia oficial y propaganda diversa. Las memorias de Ho Chi están en todos los idiomas imaginables. Ningún libro ni revista ni periódico occidental. Compro un librito en español sobre historia de Viet Nam y sus dinastías por unos 2 euros. La funcionaria me cobra con cara de aburrimiento y fastidio –estaba en animada charla con sus colegas hasta que llegué yo.

En apariencia se da aquí lo peor de los dos mundos: Una férrea dictadura comunista y, al mismo tiempo, el capitalismo más salvaje. Sin embargo el país parece funcionar, no se ve miseria, los niños van al colegio y todo quisqui tiene su casa-cohete y su moto. Supongo que lo primero que busca una sociedad como ésta, traumatizada por décadas de guerra y hambre, es cubrir una serie de necesidades básicas. Sólo después se preocuparán por cosas más sofisticadas –como la libertad.

Vuelo tranquilo, menos de una hora. En el aeropuerto de Da Nang nos espera un coche para llevarnos a nuestro destino, Hoi An, una pequeña e histórica ciudad unos 30 kms. más al sur. Por el camino se hace de noche. Vemos grupos de niños disfrazados tocando el tambor y bailando. El conductor, que habla algo de inglés y va de simpático, nos cuenta que se trata del famoso Festival de la Luna Llena de Septiembre. Hemos leído en la guía que esa noche es especialmente vistosa en Hoi An. Parece, pues, que hemos tenido una suerte extraordinaria.

Llegamos a nuestro hotel, el Golden Sands, un resort playero bastante bonito pero alejado unos cinco kilómetros del casco urbano. Como no nos queremos perder la fiesta, le pedimos al chófer que nos espere. Nos registramos en Recepción y, sin pasar por la habitación, nos disponemos a una inmersión cultural en la gran juerga anual de los niños vietnamitas. Poco después el coche nos deja en el límite de la ciudad antigua, cerrada al tráfico durante esa ocasión.



Paseo nocturno por la vieja Hoi An. Hasta el siglo XIX era un puerto muy importante, conexión de todas las rutas comerciales de Extremo Oriente. Allí llegaban barcos japoneses, holandeses o españoles (desde Filipinas) para adquirir productos procedentes de la India, Malasia, China o Tailandia. Los europeos llamábamos a la ciudad “Faifo”, deformación de la expresión vietnamita “Hai Pho” (ciudad costera). Y una curiosidad: Francia llegó aquí de la mano de España, durante la llamada “Guerra de la Cochinchina” (1858), una típica guerra colonial de la época.



El casco histórico –Patrimonio de la Humanidad de la Unesco- es un conjunto de calles amplias, de casas bajas con tienda, almacén y vivienda de la familia propietaria. Hay muchas tiendas, bares y restaurantes, orientados casi siempre al abundante turismo internacional –aunque también existe un turismo interno bastante fuerte. En cada rincón, farolillos de colores decoran la fachada de templos y comercios. En una esquina juegan a romper piñatas. Pasan pandillas de niños tocando el tambor: Algunos bailan y van disfrazados de personajes mitológicos, los demás hacen ruido y asaltan a los transeúntes pidiendo dinero o golosinas. El protagonista es el Unicornio, animalito que no se parece en nada al unicornio de la cultura occidental; Más bien parece una especie de dragón.

Terminamos nuestro recorrido con un paseo a través del puente japonés y junto al río, iluminado con figuras de animales míticos. Pintoresco. Volvemos al hotel en un mini-taxi.

19 octubre 2008

Otra

Sábado 18 de octubre, ocho de la tarde. Cines Princesa, en la madrileña plaza de Santa María Micaela (vulgo plaza de los Cubos). Público mayoritariamente joven y gafapasta. Sentados en nuestras butacas, Alfonso y yo nos disponemos a ver "Quemar después de leer", la última de los Coen (muy buena, por cierto, recomendable 100%). Antes de la película nos pasan trailers y uno de ellos anuncia "Camino", de Javier Fesser. A nuestro lado, un matrimonio -supongo- de edad madura. El hombre levanta innecesariamente la voz y hace sus comentarios. Para que todo el cine se entere: "¡¡¡Eunucosss!!!! ¡¡¡Mucha ignorancia es lo que hay en Españñia!!"

13 octubre 2008

Diario de Indochina (III)

Viernes 12 de septiembre. A las 8 en punto nos recoge en el hotel una furgoneta que nos llevará a la costa, a la ciudad de Ha Long, para embarcarnos en un mini-crucero por la bahía del mismo nombre. No está lejos de Hanoi, pero el viaje dura cerca de cuatro horas, pues las carreteras tienen el mismo tráfico de motos, bicis y viejas con balancín que domina el centro de la ciudad. A mitad de camino, nuestro conductor hace una parada con el pretexto de hacer pis y tomar café. El lugar es uno de esos típicos hipermercados del souvenir para turistas: Venden cientos de productos de artesanía horrorosa con el pretexto de ayudar a los discapacitados, pobres víctimas de la guerra imperialista. Ideal para americanos con complejo de culpa que deseen decorar su casa de Arkansas con valiosas muestras de arte exótico. Hacemos pis, tomamos café y admiramos los jarrones. Pero no compramos nada.

Por fin llegamos al complejo de Ha Long y al embarcadero desde donde salen los juncos turísticos –en realidad son barcos modernos a motor y con aire acondicionado en los camarotes, cosa que se agradece bastante. Tenemos una pequeña bronca: En el hiperactivo programa del crucero –además de masajes, cocktail-party, happy hour y clases de tai chi- existe la posibilidad de apuntarse a una excursión en kayak a una caverna típica. Un estrés. A Alfonso le apetece, pero yo me niego en redondo a hacer el ridículo montando en una canoa de esquimales para ver algo similar a las cuevas del Drac. Alfonso se cabrea, yo le digo que haga lo que le dé la gana pero que me deje en paz con el kayak.

La tormenta pasa en cuanto empezamos a navegar. Hace muchísimo calor, pero el paisaje es espectacular y, por suerte, hay muy poca gente en el barco, sólo nosotros y una familia australiana (que rápidamente se apunta al kayak). Después de un abundante y rico almuerzo descansamos un poco hasta llegar a la isla de Titop o Titov, llamada así en honor al cosmonauta ruso, segundo ser humano que orbitó en el espacio tras Yuri Gagarin. Entonces los australianos se van a remar y nosotros subimos dando un paseo hasta lo alto del monte (the top of Titop). Desde allí se contempla una fascinante vista panorámica del paisaje extraño, onírico, de Ha Long. Hago muchas fotos y contemplamos el ocaso del sol tras las nubes.

Cuando bajamos a la playa están celebrando una especie de festival de la canción infantil, con canciones propias de críos y otras de marcado carácter patriótico-comecocos. Volvemos al barco. Ducha y cervecitas (marca Tiger) en la cubierta superior, ya de noche. Luego cena bufé y a la cama temprano.