27 agosto 2007

Oriente Medio - Diario de viaje (12)

Martes 19 de junio. Casi no he dormido de puro cansancio. Desayuno en la cafetería del hotel Shalom Plaza. Militares armados y camareras rubias de aspecto eslavo. Sigue llamándome la atención la cantidad de rusos que pululan por aquí. Taxi a la frontera con Jordania. El taxista va de simpático y al saber que somos españoles nos hace un documentado repaso de la liga de fútbol, incluyendo los partidos del Getafe con el Nástic. Luego nos cobra el doble de lo que marca el taxímetro. No tenemos ganas de discutir y aún así es muy barato.

Pasamos la frontera sin problemas y entramos en Jordania, a unos dos kilómetros de la ciudad costera de Aqaba. Nuevo taxi hasta las oficinas de Avis. El encargado es un hombre maduro, gordinflón, bastante agradable. Nos invita a café y nos pide que le escribamos en un papel una serie de expresiones coloquiales en español, con su traducción al inglés. Luego él escribe en alfabeto árabe la transcripción fonética de los sonidos ibéricos. Cosas básicas como “Gracias”, “Buenos días” o “Roberto Carlos mola más que Ronaldinho”.

El coche que hemos reservado es una diminuta cafetera (Chevrolet Matiz), pero Alfonso se hace enseguida con él y en dos horas y poco más llegamos a Petra. Nuestro hotel está situado justo a la entrada del conjunto monumental. Pertenece a una multinacional suiza y se nota: Limpieza impecable, confort helvético, lujo contenido, precios alpinos. Comemos allí mismo un sandwich club ¡con jamón de york! y una cerveza. Y eso que se supone que aquí impera la ley islámica. Después de esta ligera colación descansamos un rato en la habitación y luego –cuando ya remite algo el calor del mediodía y la mayoría de las masas turísticas han terminado su visita- nos adentramos en el parque arqueológico.

Sacamos un pase para dos días y entradas para el espectáculo “Petra by Night”. Entramos en el recinto por un ancho camino de tierra. En paralelo, otra pista recoge el tráfico de caballos y carros que llevan a quien prefiere no caminar. Un poco más allá la senda se estrecha y discurre entre rocas de colores. A medida que vamos entrando en el cañón, las sorpresas se acumulan. El camino de tierra se convierte en una perfecta calzada romana; Un arco tallado en la piedra, un pequeño túmulo funerario, desvanecidas figuras de camellos en un altorelieve, nos recuerdan que estamos a punto de entrar en la ciudad perdida de los nabateos. Luego, casi sin aviso previo, aparece el Tesoro a la luz del atardecer y nos deja sin aliento.

Exploramos varias zonas y llegamos hasta más allá del teatro y las tumbas de los reyes. Luego volvemos por el mismo camino, agotados pero eufóricos. Unas cervezas en la terraza del hotel , ducha y cena en el buffet: Está todo buenísimo, a destacar un calorífico surtido de dulces germano-orientales, desde la Sachertorte a los baklava.

3 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

qué maravilla... Yo también quiero ir.....

Un beso... pero cuánto duró el viaje?

Alfredo dijo...

En total fueron catorce días, Vulcano. Dos semanas muy intensas y aprovechadas... Y paciencia, que este rollo ya se va acabando.

Senses & Nonsenses dijo...

...fascinante...
jo, y yo tb quiero ir.
Petra tiene que ser un sitio alucinante.

un abrazo.